¿Cómo dejar de tomarte personal las opiniones de otros?

Por Rodrigo Suárez

 

 

Flores de varios colores comparten el florero al centro del salón. Les pregunto a los presentes qué sentimientos les provocan las flores y por qué. Las respuestas son tan variadas que parecería que cada quién estuviera hablando de un florero distinto:

“Cuando las veo me siento deleitado, disfruto su belleza”… “Me siento inquieto porque no combinan unas con otras, se ven desordenadas”… “Me siento triste porque me recuerdan a mi abuela: a ella le gustaban mucho ese tipo de flores”… “Me dan mucha paz, me conectan con la vida”… “Me siento molesta porque fueron cortadas”…

Los sentimientos de cada quién tienen que ver con las necesidades que están presentes en la persona en ese momento (necesidad de belleza, de orden, de amor, de paz, de conexión con la vida o de respeto a la vida). Las flores no son responsables de cómo te sientes tú al verlas, ya que tus sentimientos dependen de tus necesidades y del significado que les des a las flores.

De forma parecida, cuando te presentas frente al público (ya sea a cantar, a hablar o a bailar) cada quién siente algo distinto, y lo que siente dice más sobre la persona que sobre ti. Estoy seguro de que harás todo lo que esté en tus manos para que tu presentación sea un regalo para los presentes, y aún así no eres responsable de lo que cada quién reciba.

Si después de tu presentación alguien te felicita sinceramente, será más fácil para ti recibir su agradecimiento si en lugar de preguntarte si tu presentación fue buena o mala piensas: “Qué padre que haya logrado contribuir a que esta persona se sienta de esta manera”. Y si a alguien no le gustó tu presentación, puedes recordar que lo que siente es una expresión de sus necesidades: tal vez te sientas triste de que no le haya gustado, pero no te lo tomarás como una calificación de tu persona.