¿Sufres de perfeccionismo?

Esto es lo que escribió Paul McKenna sobre el perfeccionismo en su libro Control Stress:

En teoría podrías crear una orquesta en la que todos los instrumentos son tocados por una computadora. Cada nota sería absolutamente perfecta, pero no tendría alma. De hecho lo que le da vida a la música son las pequeñas imperfecciones.

Alguna vez escuché la historia de un monje Zen que quería impresionar a una persona importante que iba a visitar el monasterio. Trabajó intensivamente por días y días para crear el jardín Zen perfecto. Cada árbol fue podado de manera impecable y cada cascada, roca y piedra fue cuidadosamente colocada.

Cuando la visita llegó, miró alrededor con una expresión de desconcierto en su cara. Caminó hasta donde estaba el árbol más alto en el jardín y lo agitó hasta que cayeron algunas hojas que quedaron en el piso en un patrón aleatorio. Sonrió al monje y dijo “Ahora, es perfecto”.

Ser perfeccionista tiene una intención positiva, sin embargo, cuando se va al extremo te lleva a ti y a los demás a la locura. (¡De hecho he visto algunos perfeccionistas tratando de ser perfectamente imperfectos!)

Tratar de hacer todo impecable puede convertirse en una obsesión, y como todo hábito, mientras más lo alimentes más fuerte se hace. Así es que necesitas decidir si permites que algunas cosas no sean perfectas.