¿Eres simpático pero quisieras mostrar más de ti?

Por Madeleine Sierra

¿Te identificas en alguna medida con esta descripción?

“En las reuniones sociales suelo saber qué decir. Los demás me ven como una persona divertida y segura de sí misma, pero me doy cuenta de que muchas veces no muestro lo que realmente siento. Sospecho que tendría una conexión más significativa con los demás si mostrara más mí, pero no me atrevo a mostrar mi vulnerabilidad”…

El otro sábado, en el taller que ahora estoy impartiendo, Marcos (uno de los participantes) estaba frente a sus compañeros haciendo un ejercicio de clown. Él hacía bromas, con el ánimo de llevarse bien con todos, pero no parecía darse cuenta de que no estaba mostrando lo que realmente sentía. Él pensaba que estaba chido reír.

Entonces le di un libro y le pedí que leyera uno de los poemas en voz alta. Mientras él leía yo intentaba guiarlo para que fuera su propio corazón el que se expresara a través de las palabras, pero el ejercicio no estaba funcionando como yo quería: las palabras no surgían de una verdad de adentro de él. El mensaje que me llegaba era: “Qué bien estar aquí, chido la vida, puedo estar pasando por cosas difíciles en mi vida pero estamos aquí para disfrutar”.

Por eso decidí cambiar otra vez de ejercicio:

Puse a Marcos en medio de dos chicas, le pedí que nos dijera la receta para hacer tacos de pollo y les pedí a ellas que de vez en cuando le dieran un beso en el cachete. Yo veía que él se tensaba un poco cada vez que se ellas se acercaban, y que después de decirnos una parte de la receta se reía nerviosamente. Era como si su cuerpo dijera:

“¡No! ¡No puedo sentir! Algo está pasando que es nuevo, raro.”

“Ya no digas nada”, le dije, “nada más siente”. Marcos sintió el beso y su rostro inmediatamente se transformó, su cuerpo se llenó de ternura. El beso pareció recordarle que recibir el cariño del otro es una necesidad fundamental. Quizás le recordó algo antiguo en él: el permitirse sentir esa ternura. Los músculos de su cara se relajaron y mostraron una profunda paz interior. Todos los presentes nos quedamos impactados con su transformación.

Y a partir de ahí todo fue muy verdadero: fue estar tocado por, estar en ese lugar en el que casi no nos permitimos estar: el corazón, que es la fuente de amor y de dulzura hacia nosotros mismos. En un momento me di cuenta que la mirada de Marcos se estaba yendo hacia el piso, como si estuviera  buscando en su mente, y por eso le pedí que nos viera a los ojos. Se dieron unos momentos de silencio, todos conectados, en un lugar sincero, disfrutando de esa experiencia de dejarse ser.

Cuando tus ojos se van hacia abajo o hacia arriba, quiere decir que estás recordando o pensando. En cambio ver a alguien a los ojos te trae al presente, abre tu vulnerabilidad. Ver a los ojos de alguien significa dejarte ver, y eso genera una conexión muy bonita, en la que la verdad corre y fluye. Esa verdad le recuerda a tu interlocutor —o a tu público si estás en el escenario— que él también tiene ese lugar verdadero en su interior, y lo contacta inmediatamente con él.

¿Entonces  cómo puedes hacerle tú?

Yendo poco a poco…

Cuando no te encuentres en un ambiente que esté abierto a recibirte, está bien si no quieras abrir tu vulnerabilidad, estás protegiendo algo. Pero aún ahí el permitirte sentir lo verdadero dentro de ti (aunque no lo muestres a los demás) puede ser muy sanador.

Y si tienes una oportunidad en la que estés con personas queridas, puedes animarte a mostrarles tu verdad —aunque te dé un poquito de vergüenza— con lo que les vas a hacer mucho bien, y también a ti.

Incluso en aquellos ambientes en los que temes que los demás te juzguen, si abres tu corazón es posible que abras los corazones de los demás. Pero ahí para abrirte necesitas mucha confianza en ti mismo. Sí  logras estar contigo todo el tiempo, sin irte de tu cuerpo, dándote espacio para sentir todo lo que sientes, valorándote, viéndote, sin irte con los juicios, entonces puedes compartir tu verdad con alguien a quien consideras adverso.

Llegar a ello es poco a poco: en la medida en la que cada vez tengas más confianza de que vas a estar ahí para ti, de que si hay juicios los recibirás mientras sigues contigo, de que te darás presencia (que es lo mismo que darte amor), serán más los ambientes en los que puedas transmitir tu verdad.

Y si estás frente al público y logras que tu conferencia, tu pieza musical o tu actuación parta de ese lugar en ti, lograrás una calidad de conexión muy sincera y muy profunda con el público. Por eso yo siempre digo que el escenario es un lugar muy poderoso: si abres tu corazón en él, inmediatamente abrirás el corazón de muchas personas.

PD:  Dirección o asesoramiento escénico, sesiones personalizadas:

 Ya sea que quieras inyectarle ritmo y autenticidad a tu conferencia, montar tu propio número de clown, cantar con más expresividad, preparar el discurso para la boda de tu hija, darle un toque teatral al concierto de tu ensamble o reducir tus nervios antes de tu examen profesional, puedo trabajar junto contigo para lograr tu objetivo, echando mano de todos los elementos del lenguaje escénico que sean necesarios.

(Estoy en Coyoacán, Cd. de México). 

Si quieres más información, o platicar al respecto, comunícate conmigo.