Cuando tienes emociones “incómodas” en una Audición

Por Madeleine Sierra


Estas en una audición. El ambiente es tan tenso, que se puede cortar con un hilo. Sientes miedo, ansiedad, angustia, preocupación. Esto te paraliza. Los pensamientos no dejan de ir y venir. Voces “atacan” por todos lados: “él es mejor que yo”, “a qué vine”, “para qué estudié esto”, “nunca voy a poder”, “mejor hubiera estudiado lo que mi papá quería”, y así una larga fila… Estos pensamientos aumentan a su vez las sensaciones y emociones de dolor y angustia.

La cosa se pone peor cuando tu turno es el siguiente. Los síntomas físicos empiezan a aparecer y desde dentro sale una voz furiosa diciendo “HAY QUE HUIR” y otra que dice “NI SE TE OCURRA”. Para variar, hay otra más que quiere “sacar” toda incomodidad de tu cuerpo y se niega a sentir cualquier cosa que no sea algo bonito.

Ya no quieres escuchar ni las voces, ni tus emociones, ni los síntomas… Todo se pone peor cuando te llaman. Caminas casi temblando, y te sientes torpe en tus movimientos. Una sensación de parálisis te invade, dejas de respirar y no ves claramente cómo saldrá el sonido de tu boca para presentarte… la opresión y la vergüenza se sienten como una camisa de fuerza, no confías que de ahí vaya a salir ningún movimiento digno de ser aplaudido. En estos momentos ya no sientes tu cuerpo.

Empiezas a tocar, o cantar, o actuar, o bailar, desde ese “penoso” lugar… tu mente está juzgando todo lo que haces, “esto salió feo”, “ahí viene el pasaje del terror”, “qué va a decir mi maestro”. Y sucede que te equivocas, entonces peor: “ya ves, pero qué &%/&%$#% soy”… . Tu interpretación sale de este lugar. Y te distraes más y más hasta que acaba el suplicio. Te vas con una sensación de dolor, y no dejas de recriminarte, juzgarte, criticarte, compararte.

Ahora vamos a probar otra cosa.

Imagina que vas a tu audición y sucede lo mismo: sientes miedo, ansiedad, angustia, preocupación, tienes pensamientos pululantes… Pero esta vez, los ACEPTAS. No los rechazas. Cierras un momento tus ojos y aceptas todas las sensaciones “horripilantes” en tu cuerpo, les das permiso de estar ahí. Les hablas con comprensión y les dices que está bien que te visiten, les das la bienvenida. En silencio conoces tus emociones y cómo se manifiestan en tu cuerpo. Habitas tu cuerpo de pies a cabeza, le das PRESENCIA y validas cada sensación.

Y aceptas cualquier contracción corporal o tensión de pensamiento, todo lo que no quiere cooperar también es aceptado por ti. Todo lo que quieres resolver, arreglar, rechazar, negar o querer que sea diferente de como es… también es aceptado y tiene espacio en ti. Ese espacio es inconmensurable. Todo cabe. ¡Se abre la posibilidad de existencia para todo! A medida que sigan llegando sensaciones van siendo recibidas y aceptadas.

Y mágicamente te comienzas a relajar. Al darte permiso de ser, sentir y existir tal y como eres, sientes o experimentas este momento, te validas. Y al validarte te empoderas.

Cuando te acomodas para tocar, o cantar, o actuar, o bailar, cierras los ojos 3 segundos y conectas con el tema. Desde aquí comienzas tu interpretación. Si sucede un error estás conectado con el tema y no pasa nada… estás permitiéndote sentir lo que tocas, o cantas, o actúas, o bailas. Sucede otro nivel de conexión.

Y aunque guste o no guste al jurado, tendrás la satisfacción de haberte permitido sentir lo que interpretas.

¡Cuando te resistes a vivir y experimentar tu verdad, utilizas mucha energía… energía que puede ser utilizada para tu interpretación!

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Ya sea que quieras inyectarle ritmo y autenticidad a tu conferencia, montar tu propio número de clown, cantar con más expresividad, preparar el discurso para la boda de tu hija, darle un toque teatral al concierto de tu ensamble o reducir tus nervios antes de tu examen profesional, te puedo ayudar a lograr tu objetivo, echando mano de todos los elementos del lenguaje escénico y del trabajo interior que sean necesarios.

(Estoy en Coyoacán, Cd. de México).

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