Cómo crear las circunstancias de tu personaje y creerlas

Por Madeleine Sierra

Volvamos al ejemplo de mi alumna Lore con su personaje Despina, una criada muy confianzuda que aconseja a sus amas dejar a sus novios que se fueron a la guerra, porque alguien le dará dinero si logra convencerlas (“In uomini in soldatti” de la ópera Cosi fantutte).

Lo primero que hice para que el cuerpo de Lore comenzara a cambiar, a creer en ese juego, fue vestirla como criada con unos paliacates que estaban por ahí. Le puse uno como mandil, otro en la cabeza y otro en la mano para que lo usara de trapo. Eso rompió con la idea que ella tenía de “vestido hermoso”, y rompió también con sus movimientos de princesa. El vestuario funciona en algunas personas para hacerlas entrar en situación, y eso fue lo que en este caso intuí.

Primero Lore se hizo un mandil bonito con una forma triangular, pero yo quería lograr justo lo contrario, así es que le dije que no, que el mandil tenía que verse feo. La resistencia de su mente le decía que como era del siglo XVIII tendría que verse bonita, y hasta me dijo que a los ensayos iba muy elegante. Yo quise destruir esa construcción de la mente porque no nos iba a permitir construir desde el cuerpo y desde las emociones propias de Lore, sino que iba a forzar a su cuerpo a seguir una idea preconcebida.

Le dije que regresara al Punto Cero: vamos a ver qué material surge, vamos a recibir lo nuevo. Se abrió con gusto a esta invitación y le dije que íbamos a jugar, que se comportara como Lore cuando aconsejaba a sus amigas, que se sintiera igual de cómoda que ella misma.

Llamé a dos compañeras suyas para que hicieran de las jefas, y les dije que quien tenía el estatus más alto era Despina, pues eso era lo que el texto sugería: si la criada les da consejos es porque ellas lo permiten, y le permiten todo… Tenían que acatar el poder de Despina sobre ellas porque cualquier señal de rebeldía podía bajar el poder de Despina, y por lo tanto tornar la escena en incómoda y falsa.

Así es que le dije a Lorena que se sintiera libre para ordenarles, cambiarlas de lugar mientras aseaba, sentarse con ellas a decirles y aconsejarles… y para nuestra sorpresa todos acabamos riendo mucho en la escena, que salió llena de tensiones y contrastes, ingredientes indispensables para generar conflicto dramático.

Para terminar, le pedí a otra compañera que reuniera un montoncito de monedas que hiciera ruido, y que cuando sintiera que Despina estaba convenciendo a sus jefas se acercara a dárselo, y que si no sentía que lo hacía entonces se alejara. Así quedaba claro que Despina tenía un móvil que era el interés por ese dinero. Cuando su compañera se acercaba ella se llenaba de emoción de ver su objetivo realizado. Esto lo pedí para que Lorena no olvidara que tenía ese objetivo.

Otro detalle divertido que surgió fue que Lorena, en ciertos pasajes, volteaba a ver a los hombres del público, refiriéndose a ellos como infieles y etcéteras, lo cual cobró una conexión nueva para el público.

Al final Lorena estaba contenta de haber podido expresar con todas las células de su cuerpo, y con su voz, las emociones de la escena. Estaba cómoda pues partimos de algo que y conocía en ella misma, y por eso pudo liberarse.

En conclusión: Cuando vas a abordar un personaje, tu mente suele tener una idea de lo que quiere lograr. Haz todo lo que esté en tus manos para soltar esa idea y para descubrir a tu personaje desde tu cuerpo.