A veces basta con escuchar

Por Madeleine Sierra


Un alumno pasó a presentar una pieza de Bach. Lo hizo con buena técnica pero sin emoción alguna. Yo noté que en la pieza corrían, simultáneamente, dos melodías: una en cada mano. Era de difícil ejecución, y mi alumno estaba concentrado —como todos mis alumnos— en hacerlo correcto. Esta vez decidí no escudriñar en el tema de la pieza, sino opté por hacer algo muy sencillo.

Hicimos el siguiente movimiento de apertura: primero le propuse que tocara solamente con una mano escuchando la melodía, y que luego hiciera lo mismo con la otra. Una vez que las escuchó por separado, simplemente le propuse que tocara y escuchara las dos al mismo tiempo. Para esto tenía que abrir su percepción para escuchar cómo se complementaban, cómo forjaban un tercer camino estando juntas.

Fue una delicia. Les dio cabida a las dos. Les hizo espacio para existir. Las aceptó. Y entendió la melodía que resultaba de ellas a través del cuerpo. Eso era todo.