Cuando lo que vas a presentar te enoja

Por Madeleine Sierra

En una sesión, Angélica me dijo que iba a presentar su examen de tesis y que se sentía muy ansiosa y atribulada porque tenía que dar datos falsos para que cuadraran con lo que el jurado quería escuchar, y esto la hacía sentir muy incómoda. Además, ya había reprobado un examen anteriormente.

Nos presentó su introducción y comencé a notar mucha tensión en sus movimientos y en su cuerpo, luego esa tensión pasó al habla y Angélica comenzó a dudar de lo que decía, y a tartamudear. Ahí la paré y le pregunté qué sentimiento traía. Revisó y me dijo que era enojo. Le propuse que me dijera el motivo de su enojo, y que me lo contara con enojo, entonces se soltó a despotricar que lo sentía injusto, que estaba entre la espada y la pared, que veía incoherencia en todo esto, que era ilógico, en fin… terminamos riendo de todo este absurdo. Se relajó porque pudo expresar la verdad. 

“Ahora sí”, le dije, “preséntanos tu introducción”. ¡Fue otra cosa!

Días después, le pregunté cómo le había ido, me respondió que muy bien, que incluso se rió relajadamente en algún momento como eco de lo que había debajo de todo esto, y que eso le ayudó a tomarse el examen como era: un absurdo total. Sus asesores y jurados también la sintieron relajada y fluyendo, y pasó el examen.

De esa manera logramos empatar el cuerpo, la emoción y la mente (lo que se llama “estar en cita” con nuestro cuerpo). Cuando esto sucede llegamos a un estado de presente, de verdad, de congruencia y de aceptación, lo que provoca gozo, y consciencia de nuestro ser.

Al detenernos a SENTIR lo que verdaderamente estás sintiendo, sin juicios, sale una acción cargada de verdad, y coherente con la emoción que se sientes. Y eso es liberador.