Juega con tu neurosis 2

Por Madeleine Sierra

Les estaba impartiendo un taller de clown a los alumnos de la carrera de actuación. Puse a dos chicos a improvisar una escena cuyo inicio tenía que ser, simplemente, dos desconocidos llegando a una banca de un parque. “A partir de ahí”, les dije, “no tengan ninguna expectativa, veamos qué historia se desenvuelve”.

Los dos chicos no necesitaban pensar para crear una historia: cada uno de ellos pondría continuamente atención a su cuerpo para darse cuenta de qué emociones vulnerables le provocaban las acciones de su compañero, y así podría responder espontáneamente, dejándose llevar por sus impulsos.

Las cosas se dieron de la siguiente manera:

Julián (les cambié aquí los nombres) estaba sentado viendo el parque, cuando llegó Pedro, a quien, al ver al primero muy tímido, se le despertó lo provocativo. Pedro decidió acercarse un poco, y Julián lo interpretó como un acercamiento gay y empezó a ponerse MUUUY nervioso. (Solo de acordarme de toda la escena me vuelve a dar risa).

En el clown siempre se establecen relaciones de estatus y poder, y aquí el estatus alto surgió naturalmente en Pedro, con el disfrute que le causaba provocar a su compañero. Por supuesto que el nerviosismo de Julián le dio todavía más estatus a Pedro, quien se siguió acercando con cada vez más poder.

Los que veíamos la escena sentíamos una gran tensión, y nos moríamos de risa viendo sufrir a Julián de una manera muy auténtica, vulnerable y en estado de juego. Pedro se acercaba más, y más, y la tensión crecía, y crecía (Julián pudo haberse levantado e ido, pero no lo hizo, nadie le dijo que se tenía que quedar 😂). Esto hizo que el público estallara de emoción, y de risa, de no saber hasta dónde iba a llegar todo esto… Ahí decidí cortar la escena.

Funciona muy bien en el clown que veamos a alguien sufrir 😄 (en estado de juego, claro). Es lo máximo porque todos hemos estado en una circunstancia así alguna vez, de estar entre la espada y la pared, y por eso nos provoca mucha identificación, y risa.

Cuando doy un taller para actores que quieren hacer clown en el escenario, trabajo exactamente igual que cuando lo doy para personas que no tienen ningún interés en pisar un escenario, y que lo que buscan son los profundos beneficios terapéuticos que trae el clown.

Muchos de estos beneficios vienen de algo a lo que le llamo: “jugar con tu neurosis”. En nuestro ejemplo, Pedro estaba jugando con su tendencia de provocar, y Julián estaba jugando (sin haberlo buscado) con su tendencia de ser tímido, y de quedarse ahí, sin alejarse y sin defenderse.

Jugar con tu neurosis es encontrarles lo divertido a todos tus aspectos. ¿Y por qué es tan sanador? (1) Porque si juegas con lo que no te gusta de ti, será más fácil cambiarlo, porque te estarás dando espacio para conocerte mejor, y porque lo que aceptas es más fácil de cambiar que lo que no aceptas. (2) Porque las cosas nunca van a ser perfectas, y el poderte reír de ellas ayudará a que no por lo menos no te estresen tanto.

Y no necesariamente tienes que estar en un taller de clown para jugar con tu neurosis: la próxima vez que te descubras en el sufrimiento, en el enojo, en la víctima o en el estrés, mírate desde afuera y date cuenta de lo encantadoramente chistoso que te ves.

Jugar con tu neurosis ayuda porque genera un distanciamiento, pero cabe que aclarar que no es la solución de raíz a los problemas. La solución de raíz requiere que escuches a fondo todas tus emociones.

(¿Quieres tener muchas oportunidades para jugar con tu neurosis? A principios del próximo año impartiré un taller de clown, más largo que los otros que he impartido, para quienes realmente quieran profundizar en el clown. Mantente pendiente).