Los focos de atención

Por Madeleine Sierra

Yo siempre digo que el escenario es como un libro, que tiene su propio modo de “leerse”. El público lo “lee” a través del foco de atención, que se determina por las miradas de quienes están en el escenario. La mirada es un elemento importante para el desarrollo de un concierto, una obra de teatro, una conferencia, una función de danza, etc. Cuando la mirada es consciente, el mensaje pasa de manera clara.

Hay cuatro opciones de foco de atención: (1) foco externo a mí (cuando volteo a ver el espacio, los objetos, el instrumento musical, etc.), (2) foco interno (cuando volteo a ver alguna parte de mi propio cuerpo), (3) foco al compañero y (4) foco al público.

Un tiempo estuve trabajando con un ensamble de 6 cantantes, ayudándoles a montar la presentación de su concierto. Fue muy placentero comprobar cómo simplemente poniendo los focos de atención en su lugar se ve y se escucha claramente la historia que cada canción cuenta.

Al principio los cantantes tenían miedo de mirar, y de mirarse entre ellos, para lo cual hicimos ejercicios específicos para perder el miedo. Una vez que su mirada se abrió, trabajamos para establecer la complicidad, tanto con el público como entre ellos. Fue maravilloso ver cómo las canciones fueron cobrando fuerza y proyección.

Una de las canciones iniciaba con sonidos de lluvia. Pero los cantantes iban separados, no había realmente una escucha entre ellos. Entonces establecimos que primero todos miraran y escucharan al que iniciaba con los sonidos, luego que miraran al segundo, y así fueran agregándose hasta que todos se miraran entre ellos para hacer la lluvia. Establecer esas miradas hizo que los cantantes establecieran también escucha y complicidad entre ellos. Para el público fue más claro y gozoso ver y escuchar el desarrollo de la lluvia. 

Luego, ya en la parte de la canción, establecimos focos de atención del coro con el público y con el solista. Esto hizo que aquí también se estableciera la escucha: las cantantes que hacían el coro comenzaron a escuchar la letra del solista y a acompañarlo, y el solista pudo establecer complicidad con ellas, con lo que la canción brilló.

Para finalizar les dije que como cerrarían el concierto con esta canción, el público se llevaría su energía a sus casas, por lo que era importante acceder a la emoción de alegría que expresaba la canción. Así es que hicimos ejercicios de emociones previos y finalmente les dije que guardaran la expresión de alegría a la que habían llegado en su memoria corporal, para acceder a ella en la canción. La canción brilló como nunca, fue muy disfrutable tanto para ellos como para el público.

Me ha pasado trabajando con grupos de coro, que nada más con el simple hecho de dar claridad en la mirada de los cantantes, hace más “visible” la letra de las canciones.