Encontrarle sentido a la pieza que tocas

Por Madeleine Sierra

Angélica, cellista. Comenzó a tocar una pieza de nada más ni nada menos que Bach. Lo hizo en automático, así es que la detuve y le vendé los ojos para que escuchara la pieza, y le pregunté que por qué creía que Bach había comenzado así y no de otra manera.

Esa pregunta la sacó de “onda”, y reí… Obviamente no sabremos la respuesta, pero hice la pregunta para abrir la escucha y eliminar el automático. “¿Por qué no empezó con tararirarán y por qué sí con taritaritirarán?”… Reímos. Ahora sí, cuando comenzó de nuevo ya estaba escuchando el juego de composición del autor. “¡Ahhh ok!”, exclamó sorprendida al escucharlo por primera vez.

A partir de ahí, ya que entendió de qué se trataba, le llegaron emociones. Aquí está jugando, aquí es más así y acá más asado… y separamos las voces y el diálogo que se establecía.

Le expliqué que cuando uno habla lo hace contando una historia, relatando una situación, y una frase sale con una emoción y luego otra frase sale con otra: “Ayer fui a la tienda y me encontré con fulano (sorpresa). No me quiso saludar (indignación) y lo miré feo (desprecio)… luego se le cayó algo, lo recogí y se lo di (tensión), y me agradeció mucho (reconciliación)”.

Así la música, nos cuenta una historia o un tema lleno de emociones, que irás descubriendo si das un tiempo de escucha para recibir la resonancia que tienen en ti, obviamente conectado con el tema de la pieza, para tocar las notas desde ahí. Ya que la escuches toda, entonces tendrás el panorama de la estructura dramática de la pieza, lo que te dará mucha claridad como intérprete.