El instante mágico de la vulnerabilidad clown

Por Madeleine Sierra

Caroline Dream nos da otra probadita de sus divertidos talleres: “El trabajo de la vulnerabilidad lo anunciamos diciendo: ‘Ahora vamos a poneros en situaciones donde será importante cumplir lo que os pediremos’. 

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 Les proponemos un ejercicio que consistente en representar un cuento infantil, y […] les damos un tiempo demasiado breve para hacerlo. Salen en dúos, pero aún así representar Los tres cerditos, por ejemplo, es todo un reto. La mayoría todavía tiene insertado el chip de “hacer las cosas bien” y, por ende, quieren evitar el fiasco escénico. Intentan pues acordar algo antes de salir, pese a que eso signifique perder un tiempo valioso. 

 Todavía no han entendido que adjudicar los roles de antemano hará imposible ciertos momentos clownescos deliciosos, como ocurre cuando dos clowns salen a la vez haciendo el rol de lobo y se pasan el resto del tiempo disputándose ese papel, o cuando uno de los clowns desempeña todos los roles, mientras el otro intenta sin éxito encontrar un hueco dónde lucirse. 

Las parejas se lanzan […] empeñadas en dirigirse contra viento y marea hacia el feliz desenlace. ¡Si supieran que entre los cientos de clowns que han pasado por este ejercicio solo una vez llegaron al final del cuento, quizá se relajarían un poco!  Naturalmente les explicamos que nadie, de los cinco años de edad en adelante, quiere ver una simple, fiel y aburrida representación de La bella durmiente. 

Queremos que al príncipe le den asco los besos, que el espejo se olvide de su texto o proclame a la malvada la más guapa de todas, que los enanitos no dejen de cantar “¡Ai ho!”, incluso cuando Blancanieves muere. En suma, queremos una vuelta de tuerca. ¡Pero de oír nuestras palabras a entenderlas hay un buen trecho!

Al final del tiempo asignado hacemos sonar un silbato con la intención de que su ruido estridente les corte la actuación en seco […] [y] cuando lo escuchan ocurre algo maravilloso. Por un instante, caen todas sus máscaras y desaparece la tensión de tener que cumplir. Frágiles, sin excusas ni defensas, se rinden con una larga exhalación, sus caras dibujan un poema sobre el fracaso humano. Ese encaje honesto por parte de los clowns siempre hace reír al público y es, además, un instante mágico en el que se ve reflejado.

[…] Todos han participado en ese instante mágico de la vulnerabilidad, y constatan que esta puede no sólo hacer reír, sino también dilatar corazones.”

Y tú: ¿en cuáles situaciones de tu vida diaria te permitirás compartir con los demás un instante mágico de tu vulnerabilidad?