Cuando algo de la pieza molesta

Por Madeleine Sierra

Al trabajar con mi alumna cellista, revisamos un estudio de Bach todavía en partitura. Al escucharla como la tenía noté que iba en ch…. rapidísisismo jajaja planchando de lo lindo todo deleite. Noté en su cuerpo y disposición emocio-energética un apuro por el deseo de que ya quedara y una emoción por debajo como de desesperación.

En ese momento la paré y le pregunté qué pensaba de la pieza, y que si notaba algo incómodo en su cuerpo. Cuando se detuvo a escucharse, me dijo que tenía un dolor en cuello y espalda. “¿Cuál es el mensaje de ese dolor?”, le pregunté, a lo que respondió que era una molestia. “¿Te molesta algo de la pieza?” Después de un tiempo, me dijo que sí: le molestaba que la música estuviera “distorsionada”, pero no como la música contemporánea, sino como algo que “era pero no era”. Apreciaba la genialidad y alcanzaba a verla, pero no entendía bien de qué tipo de distorsión se trataba. “Ah muy bien”, le dije, “ya podemos avanzar. Vamos a pasarla muy muy muy lento para entender desde el corazón con qué estaba conectado Bach… qué nos quería decir con todo este desparpajo de notas aparentemente inconexas, incongruentes, inconstantes, incomprensibles, incoherentes, in….”

Después de que la pasamos lento lento varias veces, la pieza quedó ajustadita, hermosa, ASENTADA. Porque lo lento le permitió ESCUCHARLA desde otro lugar. No desde la prisa, no desde el tengo que, no desde este absurdo de vida, no desde qué hago aquí, no desde todo es una porquería jajajajajaja… sino desde aceptar su emoción de molestia, para aceptar la pieza tal cual era.

A veces una pieza, un aria, o un personaje, nos pone en jaque porque toca nuestro sistema de creencias más radical. Y para aflojarlo o flexibilizarlo, primero es necesario aceptar la emoción que nos provoca y que nos pone en dificultad, para que más adelante ya podamos escucharla como es y aceptarla tal como es.