Si se te cae tu vaso favorito

Por Madeleine Sierra

Rompiste tu vaso favorito, que te había regalado esa persona tan especial. Hay agua en el piso, vidrios esparcidos por todas partes, y emociones tocan a tu puerta… 

Los errores son parte de la vida y del aprendizaje. El problema es que de niños todos fuimos regañados y castigados cuando los cometimos, y por eso algún día llegamos a la conclusión de que, si queríamos acceder a ser aceptados y a pertenecer, no había que cometerlos. Todos tenemos ese trauma, en mayor o menor medida. 

Hay una rutina clásica de circo en la que llega un clown frente al público a presentar algo, y enseguida llega otro detrás de, muy inocente, imitándolo. Entonces el primero lo ve, se enoja, lo saca  de la oreja le dice: “Tú aquí, yo allá”. Una vez más pasa el primer clown frente al público, y una vez más pasa el segundo, inocentemente, detrás de él. Otra vez el primero lo ve y lo saca de la oreja, diciéndole: “Tú aquí, yo allá”. 

La tercera vez que pasa el primer clown frente al público, y que el segundo lega inocentemente detrás de él, basta con que el primero voltee a ver al segundo para que éste jale su propia oreja y se saque a sí mismo del escenario.

Algo parecido hacemos todos: tanto nos regañaron y nos castigaron de niños, que cuando se nos rompe el vaso, nosotros mismos nos decimos: “¡¿Qué hice?! ¡Soy un idiota!” Y nos auto-castigamos. 

En situaciones así, te invito a que te quedes en ti para vivir el duelo, a que dejes que te duela todo lo que te tenga que doler. Es poder decir: “¡¡Wow!! cuánto me duele que se haya perdido esto”. Permitirte sentir las emociones es entrar en la dinámica de la vida, porque la vida es RESPIRACIÓN, EMOCIONES y SORPRESA. Cuando procesas el dolor, y te permites llorar si hace falta, consciente de que hay un mensaje que tu cuerpo quiere entregarte, tu cuerpo dice “¡AH! Hay una verdad que está siendo vista. Gracias, porque ese es mi mensaje para ti”. Cuando una verdad es asumida todo acaba tranquilizándose. 

El siguiente paso es buscar qué regalo escondido, qué aprendizaje traía el error que cometiste. Por ejemplo: “¡Ah claro! Yo iba con prisas y quería hacer todo al mismo tiempo… ¡Ah! Pues ahí hay un gran regalo: que cuando hago las cosas con prisa es probable que algo sale mal”.

Te invito a ver la entrevista que me hizo Estrellita  con el tema de “Piérdele el miedo al error”: