Cómo transformar la culpa

Por Rodrigo Suárez

¡Ah! La culpa, la culpa… Se siente… como un nudo. ¿O no?

Uno se puede sentir culpable porque:

Escogió el esposo equivocado y por eso no pudo pasar suficiente tiempo con sus hijos… Tiene dinero y hay gente que no tiene qué comer… No cerró bien el coche y les robaron… Se le salió un gallo cuando cantaba la nota aguda, y siente que les echó a perder el concierto a los otros músicos con los que estaba cantando…

¿Cómo transformar la culpa?

El cuento del burro y el manzano

Hace mucho mucho tiempo, en aquellos días en los que todavía se podía ver dragones volando entre las montañas y entre los pinos, había dos reinos, uno pegadito al otro.  Uno de ellos lo gobernaba el rey Tuku Tukku y el otro lo gobernaba la reina Albora.

En esa región abundaban los burros y los árboles de manzana: no había campesino que no poseyera, ya sea un burro o un árbol de manzana, por lo que un pleito típico del lugar era el que se daba entre el dueño de un burro y el dueño de un manzano, cuando el burro del primero se había comido las manzanas del árbol del segundo.

Los pleitos entre dueños de manzanos y dueños de burros mantenían ocupados tanto al rey Tuku Tukku como a la reina Albora: no había día que no les tocara resolver algún pleito de ese tipo, pero cada uno de los dos monarcas tenía su propia manera de intentar resolverlos

El rey Tuku Tukku siempre castigaba al dueño del burro

Si era primera vez que su burro se comía las manzanas de alguien, el castigo era que pasara un día en el calabozo oscuro, húmedo y frío del castillo. Si su burro reincidía (porque siempre reincidían) el castigo era que al dueño lo dejaran de querer tres de las personas que lo querían. La tercera vez que reincidía, el castigo era cinco días en el calabozo más cinco personas que lo dejaban de querer.

Y así iba subiendo el castigo, pero extrañamente no paraban las reincidencias. Ni los mismos dueños de los burros entendían por qué seguían permitiendo que sus burros se comieran las manzanas, si los castigos para ellos eran tan severos.

La reina Albora, en cambio…

…tenía una manera muy distinta de lidiar con la situación: cuando llegaban un dueño de burro y un dueño de manzano a su corte, lo primero que hacía era preguntarle al dueño del manzano de qué manera le había afectado que el burro se comiera sus manzanas.

A lo que una mujer dueña de un manzano, por ejemplo, le contestó: “Fíjese, majestad, que en mi familia ya estamos desesperados. No es nada más el burro de este señor, hay otros burros que también se han estado comiendo nuestras manzanas. Nosotros necesitamos las manzanas: las vendemos para comprar otros alimentos, y zapatos para nuestros hijos. Además, con ellas hacemos mermelada para tener qué comer en el invierno”.

Cuando el dueño del burro oía el recuento, se sentía triste, y arrepentido de haber dejado que el burro se comiera las manzanas. Luego la reina le preguntaba al dueño del burro qué había pasado, por qué había dejado que su burro se comiera las manzanas, a lo que, por ejemplo, este contestaba:

“Lo lamento mucho, su majestad. Lo que pasa es que mi hijo menor está enfermo, y yo pasé la noche en vela dándole su medicina, por eso a medio día me quedé dormido cuando estaba cuidando al burro y no me di cuenta cuando se comió las manzanas”. La vecina, al oír esto, también se sentía triste. Se le bajaba el enojo y hasta sentía compasión por el dueño del burro.

Entonces la reina les preguntaba: “¿Qué se les ocurre que puedan hacer para resolver el problema?”

“Pues mire vecino”, decía por ejemplo la dueña del manzano, “la próxima vez que usted esté cansado y no pueda cuidar a su burro, con toda confianza dígamelo. Yo lo puedo cuidar mientras usted descansa”.

Y la verdad es que la reina Albora tenía mucho más tiempo libre que el rey Tuku Tukku, ya que en los pleitos en los que ella mediaba nunca había reincidencias.

¿Pero qué tiene todo esto que ver con transfomar la culpa?

Que tanto tú como yo tenemos en nuestro interior un rey Tuku Tukku, una reina Albora, un dueño de burro y una dueña de manzano. Cuando, por ejemplo, estés arrepentida o arrepentido de haberle gritado a tu hijo, si le llevas el caso al rey Tuku Tukku, este te dirá: “¡Eres una mala persona! ¡Te mereces que te dejen de querer tres personas, y pasar un día en el calabozo oscuro, húmedo y frío del castillo!” (Esa es la culpa).

Por eso mejor te recomiendo llevarle el caso a la reina Albora, quien te preguntará: “¿Por qué te importa tanto haberle gritado a tu hijo?”, a lo que le contestarás: “Porque quiero respetarlo, y porque veo que se asusta cuando le grito”.

Y, sí, te sentirás triste al respecto, y luego te preguntará:

—¿Y qué necesidad tuya estabas tratando de satisfacer al gritarle?

—Necesitaba expresarme… expresar mi necesidad de orden.

—Te comprendo… ¿Qué puedes hacer en el futuro para respetar a tu hijo y contribuir a que esté tranquilo, al mismo tiempo que atiendes también tus necesidades de expresión y de respeto?

—Pues… cuando esté enojada me voy a dar un ratito sola para conectar conmigo misma, y así tener más claridad para expresarle mis necesidades a mi hijo de una manera más amorosa.

Verás que si le llevas el caso a la reina Albora, la culpa desaparecerá y te reconciliarás contigo mismo.

(Yo mismo inventé el cuento 😊 ¿Te gustó?)

 

La próxima vez que te sientas culpable por algo que hiciste:

1. Identifica qué necesidades tuyas quedaron insatisfechas con eso que hiciste.

(Tal vez te sirva consultar este inventario de necesidades humanas: http://www.cnvc.org/es/training/learn-nvc/needs-list/lista-necesidades )

2. Identifica qué necesidades estabas tratando de satisfacer cuando lo hiciste.

3. Pregúntate qué estrategia puedes usar en el futuro, que atienda tanto las necesidades que identificaste en el inciso 1 como las que identificaste en el inciso 2.

Ejemplo:

Si estabas cantando en el concierto y se te salió el gallo:

1. Me doy cuenta de que el principal motivo que te importa es por consideración a los músicos junto con los que di el concierto.

2. Al preguntarme por qué pasó, me doy cuenta de que fue porque no practiqué tanto como hubiera querido antes del concierto, porque estuve yendo a fiestas, para satisfacer mi necesidad de diversión.

3. ¿Qué puedo hacer en el futuro para atender mi necesidad de consideración hacia mi equipo de trabajo, al mismo tiempo que también atiendo mi necesidad de diversión? Una opción podría ser encontrar formas muy divertidas de practicar canto al prepararme para el próximo concierto.

 

No olvides: El sentimiento de culpa es una expresión de tus necesidades, deja que la reina Albora te ayude a escuchar esas necesidades para permitir que la culpa se transforme.

P.D. En el taller Reconcíliate contigo mism@ (9, 10, 16, 23 y 30 de junio, de 10:00 am a 2:00 pm) trabajaremos a fondo cómo transformar la culpa.

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